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Vida y muerte en el Último Continente
En su mayor parte, los seres humanos de Zothique viven como lo hicieron nuestros ancestros en un mosaico de formas de vida y progresos propios de la Edad de los Metales. Hay muy pocos nómadas, y se puede decir que casi todos los habitantes pertenecen a culturas civilizadas en una fase de estancamiento y decadencia de la que nunca se saldrá.
La comida es variada, y a veces incluye especies vegetales y animales que desconocemos, por lo que es posible que en otras épocas hubiera experimentación genética o fuertes procesos de selección natural. La esperanza de vida varía mucho, posiblemente esté en torno a los 50 años teniendo suerte, aunque se conocen brujos, profetas y santones que han superado ampliamente esa edad, e incluso viven siglos, claramente un producto de sus prácticas innaturales.
Se presume que la natalidad decrece en Zothique, pero en ningún momento hay cifras o datos. Las principales causas de muerte generalizada son misteriosas plagas o desastres cósmicos o conjurados de las que la población nunca se repone.
Aunque hay diversos grupos étnicos (indoario, semítico, mediterráneo, africano e incluso oriental) parece que la degeneración o la brujería hayan dado origen a ciertos tipos de seres muy próximos a lo humano sin llegar a serlo del todo.
El transporte se realiza a través de carros y animales de monta, o de barcos de remos o vela. Hay una variedad de armamento, aunque no es exótico; las armas utilizadas suelen ser las más probadas y fiables a lo largo de la historia, como lanzas, hachas, mazas, espadas y flechas. Las armas con hojas de metal suelen tenerlo algo curvado, confiando en el tajo y el impacto más que en la punta. Las armaduras suelen ser petos de muchas capas de lino u otra tela pegadas hasta que cogen dureza, o cuero endurecido. Hay protecciones de malla y en algunos casos también corazas de bronce, pero nunca cubren todo el cuerpo, sino que protegen áreas fundamentales. Los escudos no suelen usarse fuera de entornos de batalla, excepto las rodelas, ya que son un engorro para el movimiento fluido.
La estructura social es fuertemente centralista, comúnmente una monarquía hereditaria de poder absoluto, pero hay una pluralidad de reinos e imperios que a menudo lo son sólo de nombre, su ámbito de influencia circunscrito a un pequeño territorio. Los derechos individuales son desconocidos, y aquellos con poder político, militar o social suelen hacer lo que se les antoja.
Está extendido el fatalismo y la creencia en el destino y las profecías, puede que incluso haya razones biológicas para ello en nuestra especia cansada al final de sus días.
La cultura decadente se dedica a preservar lo que existe y recordar el pasado. Aunque los individuos pueden hacer gala de una fuerte voluntad o ímpetu, la sociedad está estancada. El habitante medio se preocupa de llevar una vida lo más cómoda y placentera posible dentro de sus posibilidades, y el uso de drogas está muy extendido entre todas las clases sociales. Los excesos de los pudientes son comentados con asombro y envidia. Si hubiera alguna, el hedonismo fatalista sería la filosofía más común en Zothique.
La moda, como forma de ostentación, también es importante. Es habitual que se vista con túnicas más bien cortas y ligeras (con diversos estilos, formas y cortes griegos, fenicios y mesopotámicos), porque el clima suele ser cálido. Es en los detalles de la vestimenta, en el color y la calidad de las telas donde se hace la ostentación. Aquellos que ostentan poder político, religioso o innatural, o que pretenden tales poderes, suelen llevar turbantes, gorros y coronas altos y con detalles, a veces exageradamente. Incluso entre los humildes es habitual llevar algo para cubrir la cabeza. Joyas, cinturones, brazaletes, collares y adornos con significados esotéricos, políticos o simplemente estéticos son comunes entre quienes se lo pueden permitir. Se suelen calzar botas, alpargatas o babuchas.
El lenguaje es creativo, culto y elaborado, rico en términos y en construcciones gramaticales llamativas, incluso en los insultos. Nadie utiliza pocas palabras cuando habla. Las clases favorecidas usan comúnmente formas de respeto, y sólo los amigos y la gente común se tutean entre sí.
La religión es politeísta, aunque es habitual encontrar cultos dedicados a un solo dios de un panteón. Aunque los humanos acuden a los dioses, su presencia es escasa y difusa y más allá de las ceremonias y normativas de los templos, los prodigios ligados a los dioses son raros y en absoluto algo normal en la vida de los individuos.
Los usos funerarios a veces son… excéntricos. No es infrecuente que en los funerales haya orgías que duren días o que se disponga del cuerpo de maneras poco convencionales. Aunque la muerte es habitual y constante en el Último Continente, los seres no-muertos o que se alimentan de cadáveres también lo son. La muerte se ve como un descanso final, y todo lo que la altera o perturba no suele estar bien visto o es directamente rechazado.
Las tierras son secas y estériles, con enormes desiertos que avanzan año tras año, aunque también hay zonas de vegetación exuberante e islas muy fértiles; la clave es que Zothique es un continente lleno de contrastes, de clima templado o cálido, con tendencia a la desertización. Un número exagerado de ruinas, a veces incluso de otras épocas geológicas re-emergidas, están dispersas por las numerosas zonas deshabitadas, y no es extraño perderse en los caminos cuando se viaja de un núcleo de población a otro.
Hay muchos peligros en Zothique, y la presencia de la brujería los agrava más. En ciertas ocasiones, extrañas alineaciones cósmicas traen catástrofes o maravillas, y es posible que las tierras puedan comunicar con otros mundos y dimensiones desconocidas incluso fuera de esas ocasiones. Los brujos pueden generar prodigios y pesadillas y a menudo se ven atados por el destino y las fuerzas que conjuran, y demonios, seres vampíricos y criaturas de todo tipo acechan en lugares muertos, abandonados o retirados de la civilización, y a veces dentro de ella misma.