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Dioses-Lobo Los Lupinos rinden culto al Mundo Invisible, a la memoria y
hazañas de los Ancestros, tratan con espíritus, animales y humanos
por igual y adaptan algunas costumbres de ellos. Existen leyendas que dicen que un licántropo puede convertir
la chispa de su Instinto, la conexión con la Bestia y lo Invisible
que todos poseen, en una hoguera perenne y salvaje. Más allá de
los grados de Instinto conocidos, estos seres se convertirían completa
y permanentemente en grandes lobos que se moverían por impulsos
básicos de manera imparable. Muchos Lupinos (sobre todo entre las
Tribus de la Furia y del Acecho) no creen que eso sea una degeneración,
sino el paso a una nueva existencia. Las mismas leyendas afirman que un Lupino así se convierte
en un Dios-Lobo, poderoso e inmortal, que puede acceder a conocimientos
y capacidades superiores. La Tribu del Crepúsculo afirma que si
eso es posible, el lado consciente del Lupino debe hacerse uno con
el Invisible mientras que su cuerpo se convierte en esa bestia instintiva.
Esas son las leyendas, parte de la cultura Lupina. La realidad
es que a veces hay encuentros o avistamientos de esos grandes lobos,
y que en ocasiones, en las Tierras Fronterizas y en los Yermos se
encuentran poderosos espíritus muy interesados por los asuntos de
los licántropos que muestran conocimientos del Mundo Visible sorprendentes
en un espíritu, y que afirman ser los Dioses-Lobo de las leyendas. El culto de los Dioses-Lobo ha variado con las épocas, pero
siempre ha estado extendido. Aquellos que creen en los Dioses-Lobo
no rechazan la Tradición ni su cultura animista, pero la complementan
con este culto a poderosos Ancestros míticos. Sus ritos están llenos
de sangre y de actos hechos por puro instinto, y descartan los estudios
científicos de otros Lupinos a favor de una comprensión experimental
y vivida de la Sangre de Lobo. Aquellos de Valía Místico sirven
de “sacerdotes”, aunque el culto es bastante informal y promueve
una oscura comunión personal con los Dioses-Lobo. La meta de un
creyente es seguir la guía y las señales ocultas en la naturaleza
de los Dioses-Lobo, y encontrar la manera de convertirse en uno
de ellos. El número de Dioses-Lobo y sus nombres es desconocido. Sin
embargo, a ciertas figuras del pasado se les atribuye este estado,
y a falta de sus nombres Lupinos (perdidos, olvidados, o tal vez
escondidos por estas entidades para que no se tenga poder sobre
ellos), se emplean los que los humanos les dieron. Ataegina
(o Ada-Egina), diosa íbera, señora de la Luna y de la Muerte. Endovellico
(o Andevellicos), dios celtíbero de la naturaleza y la tierra. Lycaon, rey
de Arcadia convertido en lobo por la ira de los dioses. Trebaruna,
diosa lusitana de la Casa, la Guerra y la Muerte. Corocota,
mercenario cántabro y último exponente de la resistencia contra
los romanos. Rómulo (o
Romulus), mítico fundador de Roma que se dice que fue amamantado
por una loba. El Mundo Invisible Según una manera de ver la realidad, sólo es real aquello que
experimentamos y pueden medir nuestros sentidos. Los Lupinos mantienen
ese argumento, pero sus sentidos e intuición apuntan a que hay fenómenos
que no tienen origen en las relaciones entre materia y energía.
La realidad que los licántropos experimentan tiene dos facetas,
una a la que los humanos están acostumbrados, el mundo de las formas,
de distancias y tiempos medidos, limitado en extensión, en cantidad
y número y otra faceta muy distinta. Algunos humanos se dan cuenta de esta otra realidad. Aunque
el mundo físico es innegable, ven en la vida y la consciencia algo
más que reacciones químicas complejas. Y hay fenómenos extraños,
coincidencias inexplicables, sensaciones extrañas cuando todo parece
en calma, como si existiera otra realidad superpuesta a la física.
El Mundo Invisible es el reino del significado, con reglas
distintas de espacio y tiempo. Si se percibe directamente, toma
un aspecto coherente dependiendo del observador. En él habitan seres
que no tienen cuerpo físico, a los que el observador da forma dependiendo
de su comprensión y expectativas. El Mundo Invisible está superpuesto al Visible, conectado y
contenido a la vez. Los sentidos físicos no lo perciben, pero sí
la imaginación y la fuerza vital de los seres que están poseen una
parte Invisible en un cuerpo Visible. En los Lupinos esta percepción
es más intensa, y aunque no pueden ver “formas”, sí que pueden sentirlo
en su vida diaria, y pueden relacionarse con él y comprender sus
principios. Además, existen rituales que permiten el paso directo
de un Lupino al Mundo Invisible en el que pueden percibirlo como
formas y actuar con él directamente. Diversas capas de significado, cada vez más profundo, existen
en el Invisible. El Otromundo es como los Lupinos llaman a la parte
que está atada al Mundo Visible, donde residen los significados
ocultos de las cosas y la fuerza vital de los seres físicos. Desde
el Otromundo, un Lupino puede seguir percibiendo a los humanos y
otros seres del mundo, pero sólo puede interactuar con su esencia
vital. Sin embargo, para los seres que habitan allí las reglas son
distintas, y pueden relacionarse completamente como si fueran entidades
físicas. Las llamadas Tierras Fronterizas escapan a esta conexión con
lo Visible y sólo tienen comunicación con la esencia de las cosas.
Cuando los humanos duermen, su percepción viaja aquí y forma sueños
y pesadillas al intentar dar formas conocidas a cosas que escapan
de su manera de entender el mundo. Los Lupinos encuentran extrañas
las Tierras Fronterizas, y a menudo peligrosas. A veces residen
en ellas por un tiempo, pero siempre las encuentran cambiantes,
presas de flujos volubles dependiendo de la imaginación y el capricho
de quien las habita. Los habitantes de lo Invisible, los espíritus,
consideran un desprecio el intentar fijar en una única forma una
parte de las Tierras Fronterizas. Tanto el Otromundo como las Tierras Fronterizas tienen una
símil de “forma” y en ellos se pueden establecer jerarquías, comparaciones,
diferencias y relaciones de todo tipo. Más allá está el Abismo, una frontera metafísica donde sólo
están los Yermos, caos indiferenciado e incomprensible que no tiene
relación posible con nada conocido. El viaje a través de los mundos y realidades es una cuestión
de percepción. El mayor esfuerzo es el cambio del Visible al Invisible,
porque el primero representa el ancla de lo comprensible y lo familiar
que siempre tiene las mismas normas. Sin embargo, el Invisible puede
moverse entre esas normas, y a veces doblarlas o romperlas, así
que la seguridad que ofrece siempre es precaria. Los seres humanos confían sus vidas, atención y expectativas
al Visible. Esto les protege de los horrores de lo Invisible, donde
todo puede existir, pero les ciega a las influencias que a menudo
manejan sus vidas sin que lo comprendan jamás. Espíritus La imaginación de los hombres, la inspiración, los cuentos
de terror, las fábulas de hadas
y las experiencias extrañas e incomprensibles están pobladas
de seres incomprensibles y fabulosos que se conocen colectivamente
como espíritus. Los Lupinos, como vigilantes entre los Mundos, no despiertan
simpatías entre los espíritus. Sin embargo, en la medida en la que
arbitran y sirven de agentes, son apreciados. Por eso no hay una
postura de los espíritus hacia los Lupinos como especie, sino como
individuos. La única verdad de un espíritu es que es un ser del Mundo Invisible
compuesto de Esencia y voluntad. Aunque pueden percibir ciertos
aspectos del Mundo Visible si se encuentran en el Otromundo, no
poseen un cuerpo físico. Eso les permite escapar a las formas fijadas
por las leyes inmutables de lo Visible e impide que crean que es
el único mundo posible, pero les priva de una herramienta útil para
modificar lo físico sin enormes esfuerzos. Los espíritus varían en poder y toman unas capacidades aproximadas
según un concepto. Un espíritu que simbolice la esencia de un animal
posee poderes que recuerdan, aunque a menudo sobrepasan, las del
animal. Un espíritu que personifique una fuerza natural actuará
como esa fuerza. Otros espíritus son complejos, una fusión de muchos
conceptos distintos. En los Yermos habitan espíritus de poder titánico e incomprensible,
confundidos con las fuerzas impersonales que forman las bases de
la realidad. Si encuentran cuerpos adecuados, los espíritus pueden experimentar
la materia de forma directa. Los que son poderosos los toman, y
usan como herramientas las envolturas de animales y seres humanos,
situando en letargo al original. También los hay capaces de manifestarse
en otras formas inertes, a las que dotan de vida (es el origen de
los fetiches). Pero hay pocos que puedan manifestarse por sí mismos,
creando sus propias envolturas aunque sean frágiles y fugaces. La Esencia de los seres vivos que habitan el Visible está ligada
y condicionada por sus cuerpos. Mientras no puedan funcionar sin
cuerpo, no pueden ser espíritus. Antes o después, cuando llega la
destrucción de sus cuerpos, los seres vivos son forzados a traspasar
el Invisible, pero a menudo su Esencia es tan débil que sólo pueden
existir precariamente, en un largo sueño en el que repiten las obsesiones
de sus vidas pasadas. Y los pocos lo suficientemente fuertes como
para evitar este letargo a menudo no comprenden el nuevo mundo que
se abre ante ellos. . |